La Orden de San Lázaro es una institución de profunda raigambre histórica, cuyos orígenes se remontan al año 1098, en el contexto de la Primera Cruzada.
Desde su fundación, ha mantenido como propósito esencial el servicio a los enfermos y a los más vulnerables, al tiempo que fomenta entre sus miembros los valores perennes de la caballería, vigentes aún en el mundo contemporáneo.
En la actualidad, la Orden desarrolla una activa labor humanitaria en más de 45 países y cuenta con representaciones en 20 naciones. En México, a través de la Asociación Lazarena de México A.C., tiene presencia en las ciudades de Irapuato, Guanajuato, y Morelia, Michoacán, desde donde impulsa sus obras asistenciales y de servicio.
Su labor es representada en el país por su Delegado, Don Guillermo D. Salas Vargas y su Vice Delegado Don Pedro Casillas Capetillo.
El emblema de la Orden de San Lázaro es la cruz de Malta en color verde, signo distintivo cargado de profunda significación histórica y espiritual. Su origen se remonta al tiempo de las Cruzadas, cuando aquellos caballeros que contraían la enfermedad adoptaban el color verde en su cruz como señal visible de su condición, distinguiéndose así entre sus hermanos. Las ocho puntas de esta cruz no son meramente ornamentales, sino que evocan las altas aspiraciones que deben regir la vida del caballero: lealtad, piedad, generosidad, valor, honor, respeto, caridad y contemplación.
Los miembros de la Orden, dispersos en numerosas naciones, se distinguen por su alto nivel de formación, su sentido del deber y su vocación de servicio. Todos ellos participan activamente en la misión de aliviar el sufrimiento humano, procurando una mejora tangible en la vida de los pobres, los enfermos y los afligidos, con especial atención hacia quienes padecen la enfermedad de Hansen.
Los fines que orientan la acción de la Orden son múltiples y de elevada naturaleza: sostener y defender la fe cristiana; mantener su histórico compromiso con los cristianos en Tierra Santa; asistir, socorrer y auxiliar a los pobres, a los enfermos y a quienes sufren toda forma de aflicción, particularmente a los afectados por la lepra u otras enfermedades similares; fomentar y preservar los principios de la caballerosidad cristiana; trabajar por la unidad de los cristianos; seguir fielmente las enseñanzas de Cristo; y contribuir, a través de sus actividades en los ámbitos de la caridad, la filantropía, la salud y la educación, a la consecución de los principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas y en los estatutos de la Unión Europea.
A través del Gran Priorato de América, la Orden sostiene y promueve una extensa red de iniciativas humanitarias de alcance internacional, orientadas a la atención médica, la asistencia social y el apoyo a poblaciones vulnerables. Entre estas destacan: un centro de bienestar infantil en Jerusalén que brinda atención a niños cristianos y no cristianos en Tierra Santa; la colaboración con Rising Star Outreach en Chennai, India, dedicada al tratamiento de pacientes con lepra mediante programas médicos, unidades móviles, suministros y esquemas de microfinanciamiento para personas en situación de mendicidad; el sostenimiento de clínicas de lepra en México, que durante años han servido a miles de pacientes y sus familias en zonas rurales; programas de asistencia a personas sin hogar en la Catedral de San Patricio en Nueva York, dirigidos a niños, ancianos y población vulnerable, incluyendo la distribución de alimentos y artículos de primera necesidad; iniciativas integrales en los Estados Unidos orientadas a la vivienda y la salud mental de personas en situación de calle, facilitando acceso a beneficios sociales, acompañamiento en procesos de recuperación y apoyo hasta alcanzar una vida independiente.
Asimismo, la Orden impulsa programas de financiamiento para proyectos locales enfocados en la lucha contra la lepra y la promoción de la donación de órganos; dispone de fondos discrecionales para responder con prontitud a emergencias humanitarias; y ha apoyado servicios legales y de comunicación para personas con enfermedades mentales, facilitando el contacto y la atención de miles de individuos en situación vulnerable, incluidos veteranos, personas con trastornos de estrés postraumático y discapacidades.
En el ámbito de la salud comunitaria, ha contribuido a la atención médica de comunidades indígenas Navajo durante la pandemia de COVID-19, apoyando iniciativas de equidad sanitaria y atención clínica. Igualmente, colabora en el sostenimiento de instalaciones residenciales para pacientes infantiles sometidos a trasplantes en Texas, brindando alojamiento digno durante sus tratamientos.
De manera destacada, la Orden ha desplegado una significativa labor de ayuda humanitaria en Ucrania tras el inicio del conflicto armado en 2022, mediante la recaudación de fondos, el envío de suministros médicos, equipo hospitalario y generadores, así como la movilización de voluntarios para la clasificación y distribución de ayuda. Estas acciones se han realizado en colaboración con diversas instituciones internacionales, beneficiando a miles de personas afectadas por la guerra.
De este modo, la Orden de San Lázaro se manifiesta como una institución viva, fiel a su herencia histórica y plenamente comprometida con las exigencias del mundo contemporáneo, extendiendo su acción caritativa y humanitaria a múltiples regiones del mundo, y llevando alivio, esperanza y dignidad a quienes más lo necesitan.